El Presidente del Tribunal Supremo de los EEUU abre la puerta a la revocación de la sentencia que permitió legalizar el aborto

Jonh Robets, jurando su cargo ante el abortista Obama

John Roberts, presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, declaró la semana pasada que dicho tribunal no dudará en revocar sus propias sentencias, emitidas años atrás, si de esa manera se protegen mejor los cimientos constitucionales sobre los que está edificada la nación norteamericana. De esa manera, se abre la puerta a la revocación de leyes que, como la del caso Roe v. Wade, permitieron la legalización del aborto en dicho país.
Roberts ha explicado que aunque lo normal es que el Supremo no revise sus sentencias, no existe ninguna regla que indique que el tribunal que preside deba atenerse automáticamente a la última sentencia dada sobre cualquier tema.
Y puso como ejemplo que, en caso contrario, la segregación racial seguiría siendo legal, el salario mínimo sería inconstitucional y el gobierno podría realizar escuchas telefónicas a sospechosos sin obtener previamente autorización de un juez.
Roberts cree que no basta con constatar que sobre tal o cual tema hubo una sentencia y aboga porque, sobre todo en asuntos de vital importancia, el tribunal se asegure de que las sentencias pasadas fueron correctas.
Las declaraciones del presidente del Tribunal Supremo estadounidense han sido recibidas con agrado por los grupos pro-vida del país, que ven la posibilidad de que el aborto pueda volver a ser ilegalizado o, al menos, que se permita a algunos estados promulgar leyes contra el mismo.
Según recientes encuestas, son cada vez más los norteamericanos que se oponen radicalmente al aborto o al menos lo ven como un mal moral.

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