La promoción de la promiscuidad y los anticonceptivos dispara el aborto, pero los responsables insisten en las mismas políticas fracasadas

Los fracasos en la promoción de la promiscuidad entre los jóvenes al amparo de la distribución masiva de anticonceptivos no desaniman a la misnistra gala de sanidad a insistir en la misma linea de actuación.

Esta vez ha sido Francia la que ha confirmado que más de la mitad de los 200.000 abortos que se practicaron en Francia en el último año fueron en mujeres que utilizaban métodos anticonceptivos, según un estudio presentado ayer por la ministra de Sanidad gala, Roselyne Bachelot.
El lugar de ver la relación directa que existe entre promoción de la promiscuidad y aborto en todos los países y todas y cada una de las campañas que se han realizado en este sentido en el mundo, el informe de la Inspección General de Asuntos Sociales (Igas, siglas en francés) echa la culpa a una supuesta carencia de información, que podría estar detrás del mal uso de los métodos anticonceptivos, lo que hace que, a pesar de los medios dispuestos por el Estado en materia de planificación familiar, el número de abortos no descienda.
Por tanto, en lugar de abandonar la multifracasadas campañas de promoción del empleo de preservativos y otros anticonceptivos o aboertivos de emergencia, que, una vez más, demuestran su completa ineficacia, la ministra de Sanidad, en declaraciones al diario “Le Parisien”, proclamó que su departamento va a modificar la línea de la campaña informativa en materia de anticoncepción:
“Lo que me impacta es la situación de las menores: ¡hay que informarlas mejor!”, dijo Roselyne Bachelot, quien destacó que dos tercios de las chicas de entre 14 y 15 años “siguen creyendo que no se pueden quedar embarazadas durante su primera relación sexual”.
No hizo ninguna mención, sin embargo, al hecho de la inconveniencia de que niñas de 14 años, con una inmadurez absoluta para afrontar tanto las relaciones sexuales, como las consecuencias de éstas, perciban el sexo como algo destinado a proporcionar placer e independiente del amor y de la procreación.
Como medidas destinadas a insistir en esta política y continuar con el estrepitoso fracaso de las mismas, el ministerio prevé que los servicios médicos de los centros escolares puedan proporcionar, dentro de unos meses, anticonceptivos orales, así como renovar las recetas de la píldora, para un colectivo que se salda con 30.000 abortos anuales.
La ministra anunció que, en su intención de “reducir” el número de abortos, va a mejorar la organización del acceso al aborto en los hospitales; los datos señalan que la intervención se practica en un plazo inferior a una semana desde que se solicita, salvo en las regiones de Ile-de-France (París y alrededores) y Provence-Alpes-Côtes-d’Azur (sureste), donde los tiempos son más largos.
Como conlusión de la estrecha relación entre promoción de la promiscuidad asociada a la educación sexual y distribución en generalizada de anticonceptivos, el ministerio de sanidad francés hubo de admitir que a pesar de ser uno de los países con medidas más amplias en cuestiones de anticoncepción, se prevé que un 40 por ciento de las mujeres francesas abortarán en algún momento de su vida.

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