
Amparo Medina, de terrorista comunista a defensora de la vida
Contar la vida de Amparo Medina (45) es como hablar de dos personas diferentes: la de antes y la de ahora. Es que después de un largo camino andado, sus pensamientos son opuestos a los que un día creyó que habían sido el eje de su vida. Lejos de la mujer armada que fue, se cataloga como una “militante de la vida”. De hecho, una cruz colgada en el pecho deja ver que en algún momento se convirtió al catolicismo.
Ahora, su discurso no es menos polémico que sus ideologías de antaño. Se opone al aborto y pone en duda la confiabilidad de los métodos anticonceptivos, a los que considera más un negocio de las corporaciones multinacionales que una respuesta a los problemas concretos de la sociedad actual. Incluso, al conocer desde adentro las problemáticas de América Hispana, asegura haber logrado una visión completa de la realidad.
“La educación debe ser integral para que la persona pueda tomar decisiones acertadas en su vida”, asegura momentos antes de realizar su ponencia en el Primer Congreso Nacional de Organizaciones Pro Vida y Familia de Argentina. Para contar su experiencia, la mujer llegó desde Quito (Ecuador) -donde vive- y se quedará en Mendoza hasta el domingo.
Amparo es pedagoga social. Estudió en España, realizó investigaciones de liderazgo en Israel y ha trabajado como consultora en temas relativos a salud sexual y reproductiva en organismos internacionales, como la OEA, Unicef y la ONU, entre otros.
Al escuchar su testimonio, el tiempo parece desvanecerse entre vivencias que cualquiera pensaría sacadas de una película. Cuenta que a los 17 años dio los primeros pasos como terrotista en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Ecuador. Así, comenzó a organizar grupos de gente para que lograran llevar adelante sus proyectos productivos. Les enseñó a defender sus tierras y a usar la violencia para ello.
Claro que nada de esto fue sencillo. En los ojos de Amparo se denota un dejo de tristeza cada vez que vuelve la mirada atrás. En 1988 cayó presa por primera vez. Después de eso, continuó su militancia y se sumó al Movimiento denominado “Alfaro Vive Carajo” (AVC), una corriente que tenía diferentes bandas armadas en Colombia y Chile.
En 1992, fue la segunda vez que fue detenida. Luego de esos episodios, Amparo comenzó a entender que también había otras maneras de luchar.
Fue en 2004, cuando la cabeza de Amparo hizo un ‘click’. En ese año -cuenta- le sucedieron dos hechos que la marcaron para siempre: vivió casi como en carne propia un aborto y fue testigo de un milagro que le salvó la vida. Al hablar de la primera experiencia, ella no deja de lamentar aquellos momentos. “Acompañé a una amiga, que había quedado embarazada por una relación que había tenido por fuera de su matrimonio”, recuerda.
En su mente, todavía hay imágenes que, asegura, no logra borrar. Dice que el bebé había comenzado su novena semana de gestación. “Me acuerdo de la sala, el miedo y el dolor que se traslucía en la cara de mi amiga; el sonido de la aspiradora y yo, que le decía que no tuviera miedo, que siguiera adelante, que pensara que se trataba de una operación sencilla que la iba a beneficiar”, desliza sin poder apartarse de ese momento.
Hasta hoy, Amparo no deja de sentirse culpable por ello y hasta fundó una asociación que ayuda a superar la depresión post-aborto a los padres y madres que han recurrido a esto. “Entendí que ninguna mujer aborta porque le guste; el sufrimiento es inmenso y deja marcas que nunca se pueden superar”, reflexiona y asegura que la responsabilidad para evitar que se produzcan embarazos no deseados no pasa por administrar preservativos sino en enseñar de qué se trata la sexualidad; qué riesgos y responsabilidades implica.
El otro episodio que la marcó a fuego sucedió en plena selva, mientras ordenaba el frente de resistencia “en defensa de las tierras indígenas”. Del lado opositor, otra vez la milicia. “Me rozó una bala del lado izquierdo del pecho, caí y quedé inconsciente. Fue ahí cuando tuve la visión de una niña de 16 ó 17 años que dijo que me amaba. Ahora estoy segura de que era la Virgen María”, dice convencida y remata: “No soy más que la pieza de un engranaje muy superior”.
Nota: La señora Kelly Clinger, una artista estadounidense, quien además ha sido parte del elenco musical de la cantante pop Britney Spears, tuvo dos abortos durante el periodo temprano de su veintena de años de edad. Ella discute con mayor profundidad la experiencia de sus abortos en su diario cibernético en inglés Kelly Clinger – la bondad y la misericordia – mi verdad sobre el aborto. En este artículo, publicado esta semana, ella habla sobre sus continuas luchas internas para lidiar con el periodo subsiguiente, pasados los abortos.
Artículo enviado por una de nuestras lectoras:
Reproducimos la siguiente noticia publicada en
El actor Jim Caviezel, famoso por las películas La delgada línea roja o La pasión de Cristo, viene a España a promocionar La verdad de Soraya M., que narra la tremenda y verídica historia de la lapidación de una mujer en Irán. Caviezel tiene mucha personalidad, habla con seriedad y piensa lo que dice. Se aleja de los tópicos y no se asusta cuando tiene que tocar temas de gran calado.
Reproducimos por su interés el siguiente artículo publicado en La Tribuna de Toledo:
Sí, reconozco que cometí pecado al votar varias veces en mi vida al PP. Y lo peor es que alguna de ellas fue una vez que ya era consciente de lo que suponía ese partido de cara a la defensa de la dignidad de la vida humana y de la familia. Caí en la trampa del mal menor, que es la excusa de los cobardes, el refugio de los débiles, la coartada de los que idolatran la actual partitocracia.
