El Banco Mundial promueve los anticonceptivos como solución final

El Banco mundial obsesionado con disminuir la población mundial

El Banco mundial obsesionado con disminuir la población mundial

El Banco Mundial (BM) es una organización de la que forman parte 185 países y su presidente es nombrado por el de Estados Unidos, que es su principal contribuyente. George Bush pagó con ese cargo los servicios de Paul Wolfowitz, y cuando éste dimitió el 30 de junio de 2007 a causa de un escándalo, lo sustituyó por el actual presidente, Robert B. Zoellick. Al revés, el que no paga no recibe dinero. En mayo, los responsables del BM aclararon que Birmania no recibiría ayuda para paliar los efectos del ciclón Nargis, porque desde 1998 no paga las cuotas.

El 10 de julio, víspera del Día Mundial de la Población, Joy Phumaphi, vicepresidente del BM para Desarrollo Humano, se lamentó de que haya 35 países cuyas mujeres tienen cinco o más hijos de promedio, y subrayó la necesidad de hacer llegar anticonceptivos a 137 millones de mujeres que no disponen de ellos. Tarea a la que dedican sus 90 programas de “salud sexual y reproductiva”. En ellos, el BM invierte 965 millones de dólares (608 de euros). A  esas mujeres (4% de los 3.300 millones de féminas) les dedica el BM el 5% de sus 1.800 programas. Y eso que nadie ha preguntado a esas mujeres si no poder comprar anticonceptivos es su principal problema económico.

 

 

 

Historia de una obsesión

El BM se estrenó con un crédito para la reconstrucción de Francia tras la Segunda Guerra Mundial. Se propuso como objetivo eliminar la pobreza, lo que, desde la perspectiva de los países ricos, cada vez más se traduce en evitar el crecimiento de la población en los países en desarrollo.

Aunque el BM disimula esta ideología con las referencias a la salud sexual e igualdad de géneros típicas de la ONU desde la Conferencia de El Cairo de 1994, en el documento al que Joy Phumaphi se refirió el día 10, se presentan los anticonceptivos como la panacea, y no enfrentados al aborto, sino como “método” asociado a él para evitar nacimientos.

Las conclusiones del informe de diciembre de 2007 sobre Conductas de regulación de la fertilidad y sus costes, pretenden resaltar la importancia de los anticonceptivos al asegurar que son “3,2 veces más baratos” que los “servicios de aborto” que representaron “al menos un 1% de los gastos públicos totales en sanidad en 2004”.

Esta afirmación del informe se  basa en los datos de un único país, Kazajstán, donde el aborto es barato (26 dólares) y además presupone un uso conjunto de aborto y anticonceptivos, ya que un 18% de las mujeres que los usan, aun así se quedan embarazadas. Por tanto resulta curioso que se amplíe este dato como presunta solución para el “mal” de los países que tienen más de cinco hijos por mujer (no es el caso de Kazajstán), en la mayoría de los cuales está prohibido el aborto.

La actual inversión del BM en programas de “salud sexual y reproductiva” supone un notable incremento desde que en 1997 estableció su primera “Estrategia de Salud, Nutrición y Población” (HNP por sus siglas inglesas). Al abordar el 30 de mayo de 2006 sus resultados, sólo un indicador aparecía claramente expresado en el informe del BM que se refería a “los objetivos del milenio, las mejoras y los índices de fertilidad”. La nueva estrategia de HNP, publicada en 2007 bajo el título Desarrollo Saludable, pone al mismo nivel (página 160) entre los elementos para evaluar el progreso el aumento de las carreteras de alta calidad (punto 15) con la tasa de uso de anticonceptivos (punto 19) y el grado de acceso a estos productos (20).

Por si no estuviera clara la importancia de estas materias, el 19 de abril de 2007, ocho directores ejecutivos europeos del BM (los jefes en Bélgica, Suiza, Francia, Alemania y Noruega) escribieron a Joy Phumaphi un memorándum en el que consideraban inaceptable la nueva Estrategia HNP, porque “sugería que la salud sexual y reproductiva servía sólo para bajar las tasas de fertilidad”.

Recordando que en los últimos diez años el BM había invertido “casi 2.000 millones de dólares en salud sexual y reproductiva”, exigían una expresión más “clara” sobre hasta qué punto el BM “se compromete” en estas materias. Las declaraciones de Phumaphi el día 10 seguramente les habrán parecido más “claras”.

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