Dublín insiste en «blindar» sus leyes contra el aborto

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Irlanda rechazó el tratado de Lisboa entre otras cosas por las pocas garantías que ofrece en la defensa de la Vida

Pese a haber sido rechazado por la mayoría del pueblo irlandés, la presión de la oligarquía política sobre Irlanda para que vuelva a convocar un referéndum sobre el Tratado de Lisboa ( y así sucesivamente, hasta que éste salga aprobado), ha chocado con el Gobierno de la nación irlandesa. Irlanda exige a los demás Estados de la Unión Europea (UE) cuatro compromisos jurídicamente vinculantes, que pondrían fin a las grandes preocupaciones de Dublín sobre la política comunitaria, pero, al mismo tiempo, podrían limitar el desarrollo de ésta en importantes sectores como las instituciones, las relaciones exteriores, los derechos fundamentales y la fiscalidad.
Lo señaló ayer en Bruselas una fuente comunitaria de alto nivel, explicando que en la cumbre de la UE que empieza hoy, el primer ministro irlandés, Brian Cowen, pedirá a sus colegas la redacción y la firma, el próximo año, de cuatro protocolos anexos al Tratado de Lisboa. Estos documentos tendrían respectivamente que garantizar el mantenimiento de un comisario europeo por cada país más allá del año 2014, la neutralidad de Irlanda, así como su legislación nacional restrictiva sobre temas éticos, caso del aborto; y prevenir futuras atribuciones de la UE en materia de fiscalidad directa.
Cowen se comprometió a comunicar en esta cumbre de Bruselas la respuesta oficial de su Gobierno al referéndum con el cual, el pasado junio, los ciudadanos de Irlanda rechazaron el Tratado de Lisboa, que prevé un ulterior desarrollo institucional y político de la UE. De acuerdo con encuestas, entre las principales razones de este rechazo se encuentra la preocupación de los irlandeses también por el futuro de la ley vigente en su país contra el aborto, así como por la actual independencia de Dublín (y de los otros Estados comunitarios) en materia de impuestos directos.

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Cartel irlandes que refleja con humor y con acierto el desprecio de la comunidad europea a la negativa irlandesa al tratado de Lisboa y la imposición totalitaria de nuevos referendums hasta que éste salga aprobado.

Anteayer, el presidente de la Comisión Europea señaló que las supuestas preocupaciones de los irlandeses no tenían razón de existir, ya que ni el Tratado de Lisboa ni el de Niza conllevan algo que las justifique. La Comisión Europea siempre sostuvo que el resultado negativo del referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa se debió a errores de «comunicación», también cometidos por parte de Bruselas.
Aun así, Dublín desconfía de las garantías verbales bruselenses, y vincula su nuevo intento de ratificación popular del texto a cuatro documentos de derecho internacional, que tendrían que ser aprobados por los parlamentos de los demás Estados de la UE.

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