Rouco ve una “alianza de poderosos medios sociales, mediáticos, culturales y jurídicos” contra la vida

El Cardenal Rouco

“Dar la vida y no quitarla es el primer principio de toda solidaridad humana, que obliga a todos: a los matrimonios, a las madres gestantes, a las familias, a toda la sociedad y al Estado”, afirmó esta mañana el cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, durante la Eucaristía con motivo de la patrona de Madrid, que tuvo lugar en la Plaza Mayor. Para el purpurado, existe “una alianza de poderosos medios sociales, mediáticos, culturales y jurídicos” que no ofrecen alternativas a los jóvenes ni a la sociedad, y que promueven “la cultura de la muerte”.
Pese al frío, miles de madrileños acudieron junto a su patrona. Además de Rouco, participó en la Eucaristía, en su primera aparición pública en España, el nuevo Nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, quien el próximo miércoles presentará sus credenciales a Su Majestad el Rey. El arzobispo castrense, Juan del Río, y los obispos auxiliares de Getafe (Joaquín López de Andújar) y Alcalá (Juan Antonio Reig), así como a los auxiliares de la capital.
En su homilía, el cardenal recalcó cómo “la Virgen de La Almudena ha mantenido y mantiene a los madrileños en el camino de la verdad de Dios y, así, en el camino de la verdad del hombre”. Especialmente en momentos como el actual, sacudidos por el drama del aborto. En este sentido, Rouco incidió en que “todo ser humano, desde el momento de su concepción hasta su muerte, es sujeto de una dignidad inviolable”.
Con una “consecuencia ética” que resulta “incontestable”, en opinión del cardenal de Madrid: “A todo hombre, por muy insignificante, minúsculo, enfermo, débil, avejentado que esté, se le debe un respeto personal y social sin condiciones. Nadie puede disponer de El como de un objeto; ninguna instancia de este mundo puede negar o limitar su derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad para vivir en consonancia con su vocación de hijo de Dios, convocado a través del matrimonio y de la familia a ser protagonista del don de la vida y de la experiencia verdadera del amor: ¡fuente y esperanza de la humanidad!”. Porque “sólo si se está dispuesto a dar la vida, se ama”.
Para Rouco Varela, en las “sociedades laicistas contemporáneas” resulta preciso denunciar las crisis que acontecen. “La crisis económica”, que “llena de angustia a muchos madrileños, nativos e inmigrantes”. El paro, que “condiciona y agrava en no pocas ocasiones las crisis matrimoniales, ya existentes y persistentes por otras causas más profundas”.
“Los niños, los jóvenes y los ancianos sufren sus consecuencias con mayor y cruel gravedad”, agrega Rouco, quien añade que “lo que se les ofrece a los jóvenes para enfocar y conformar sus vidas, a través de una alianza de poderosos medios sociales, mediáticos, culturales y jurídicos, es un programa materialista de vida personal, de relación social y de proyectos de futuro, marcados por lo que el Siervo de Dios Juan Pablo II no dudó nunca en llamar la cultura de la muerte, es decir: ¡un verdadero callejón sin salida!”.

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