Obispos y grupos pro vida frenan la iniciativa del feminismo abortista en Brasil

El abortista de izquierda Lula da Silva ha tenido que ceder ante sus pretensiones de declarar el aborto un derecho humano

El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha cedido ante los argumentos de los grupos pro vida y de los obispos brasileños para cambiar el texto del Tercer Programa de Derechos Humanos en lo referente al aborto. Ajustándose al criterio del propio Lula, el aborto no será considerado un derecho de la mujer en Brasil.
La decisión parte del reconocimiento del ministro de Derechos Humanos, Paulo Vannucchi, de que todo se debió de un error por parte suya: “Reconozco que fue un error mío. La defensa del aborto en el texto se basa en la autonomía de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo. Es una formulación del movimiento feminista, pero no corresponde a la opinión de Lula”, aclaró.
Esta es la segunda vez que se cambiará el texto del Programa de Derechos Humanos, que contiene varios proyectos de ley para ser enviados al Congreso.
La anterior se debió a un cambio reclamado por las Fuerzas Armadas respecto al término “represión política” incluido en la creación de una Comisión de la Verdad para por primera vez investigar las violaciones a los derechos humanos de la dictadura militar (1964-1985).
Tal como señalaban el pasado 20 de enero algunos analistas brasileños, cabe recordar la promesa que el propio Lula da Silva hizo durante la visita de Benedicto XVI en mayo de 2007. Ante la firme postura del Papa en el tema del aborto, el mandatario brasileño había prometido que no presentaría un proyecto de ley sin condiciones.
Ahora, según pronostica los medios locales, el nuevo texto sobre el aborto planteará el asunto, ya no como un derecho inherente a las mujeres, sino como un tema de salud pública.
También hay que destacar que la Conferencia de Obispos Católicos de Brasil ya expresó su rechazo en los primeros días de enero a la decisión del gobierno brasileño de apoyar y promover el aborto y las uniones homosexuales en el Programa Nacional de Derechos Humanos presentado el pasado 21 de diciembre.
El día 12 del mes pasado el mandatario ofreció “revisar” estas disposiciones. Según información publicada por Aciprensa, el programa, señalaba en la página 35 que las autoridades del gobierno deben “apoyar la aprobación del proyecto de ley que despenaliza el aborto, considerando la autonomía de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos”.
También, en la página 56 indicaba que deben “implementar mecanismos de monitoreo de los servicios de atención al aborto legalmente autorizado”. Y en la página 38 que se buscará “apoyar el proyecto de ley que disponga sobre la unión civil entre personas del mismo sexo”.
Este apoyo del Gobierno a la agenda abortista y anti familia, cuando el 80 por ciento de la población del Brasil se opone a esta infanticidio, fue considerada por José Simão, obispo de Assis y responsable del Comité de Defensa de la Vida de la regional Sur-1 de la Conferencia de Obispos Católicos de Brasil, como “una actitud arbitraria y antidemocrática del gobierno de Lula”.
Por otra parte, el teólogo y presentador de dos programas televisivos de Cançao Nova, Felipe Aquino, explicó que este plan de Derechos Humanos “crea inseguridad jurídica. Un programa de derechos humanos debe pacificar la nación y no provocar agitación después de tantos años de tranquilidad”, dijo.
Se refería Aquino al malestar creado en las Fuerzas Armadas respecto al término “represión política” incluido en el texto para investigar las violaciones a los derechos humanos de la dictadura militar.
En ese sentido, el ministro Paulo Vannucchi amenazó en su día con dimitir si el gobierno aceptaba la presión de los militares para modificar el flamante Programa Nacional de Derechos Humanos.
“No puedo admitir que transformen el programa en un monstruo político, único en el planeta, sin apoyo de la ONU ni de la Organización de Estados Americanos”, sentenció entonces Vannucchi.
El lanzamiento del programa en diciembre abrió una crisis con los militares, irritados con la creación de una Comisión de la Verdad, y el ministro de Defensa y los comandantes de las tres fuerzas amenazaron con dimitir.
Por todo ello, los obispos consideran que “es fundamental que el Tercer Programa Nacional de Derechos Humanos del gobierno de Lula sea profundamente revisado y modificado, con un debate amplio, abierto y la participación de todos los segmentos de la sociedad, especialmente de aquellos que se ven ofendidos con sus contenidos”.

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