La cultura de la muerte se infiltra en la clase de Religión

Una religiosa en una manifestación pro-vida.

La Iglesia española no parece ser capaz de enseñar en clase de religión a los alumnos las verdades de la doctrina católica. La mayoría de los alumnos de la clase de Religión, defienden el aborto y la eutanasia y no ven ningún problema en la homosexualidad. Así queda reflejado en el estudio Protagonistas de la clase de Religión, que se ha presentado hoy en Madrid.
Esta encuesta, en la que se consultó a los estudiantes de secundaria, no a los de primaria, un 45% declaró estar en desacuerdo con la afirmación “el aborto no tiene justificación, frente al 27,87% que sí consideró injustificable el aborto.
Otro 47% rechazó la idea de que “la eutanasia no puede justificarse”, frente a un 21,4% que condenó está opción.
En materia de la homosexualidad, un 59,7% de los alumnos considera que no es ningún problema, frente a un 20,3% de estudiantes para quienes sí supone un problema.
El responsable del informe, Carlos Esteban, ha subrayado el cambio de tendencia que se ha resgistrado entre los jóvenes sobre la homosexualidad. “Si comparamos estos datos con los del estudio sociológico de la Comisión Episcopal de Enseñanza de 1998, comprobaremos un notable cambio en el estado de opinión de los alumnos”, ha señalado Esteban. Entonces había un 58% que pensaba que nunca podría justificar la homosexualidad frente a un 20,1% que la justificaba. “Practicamente se han invertido los porcentanjes”, ha destacado el autor del informe.
Estos desalentadores datos confirman que la cultura imperante está ganando el alma y la mente de nuestros jóvenes y que la corrupción morl de nuestra sociedad es alarmante. No se puede culpar a un gobierno, ni a 6 años de legislatura de que los alumnos de religión no crean las verdades de la doctrina católica, sino las mentiras de la cultura de la muerte. Todo el sistema moral y cultural esta corrompido, mietras la Iglesia procura no hacer demasiado ruido, ni ser excesivamente polémica ni vigorosa a la hora de defender sus principios.
Mientras que en otros países los obispos encabezan la rebelión social contra la imposición de la cultura de la muerte, niegan públicamente la comunión a políticos que promueven el aborto, o se arriesgan incluso a condenas penales por exigir a sus fieles el voto en coherencia con la felos nuestros, salvo honrosas excepciones, miran hacia otro lado, hacen malabarismos dialécticos para no apoyar la excomunión de políticos y jefes de estado que sancionan leyes abortistas, o dejan la lucha por la vida a entidades privadas con intereses cercano a partidos políticos abortistas. El resultado de décadas de esta actitud lo acabamos de comprobar en este estudio.

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