Un niño con síndrome de Down que salvó la vida por no diagnosticarse su anomalía y librarse del aborto, será “indemnizado”

En la cultura de la muerte en que estamos inmersos no es sorprendente el caso al que se refiere esta entrada: El Tribunal Supremo (TS) acaba de fallar una sentencia pionera en España: reconoce explícitamente el daño patrimonial derivado de un diagnóstico prenatal erróneo que impidió que la madre de un niño con síndrome de Down de la oportunidad de valorar si abortar o no. Cada uno de los padres recibirá 75.000 euros y, algo novedoso, el niño tendrá una pensión vitalicia de 1.500 mensuales.
No queda más remedio que compadecer al niño, no por haber salvado la vida, sino por el tipo de padres que le ha tocado tener, que en lugar de dar gracias por que su hijo se ha salvado, reclaman dinero por el “error” que permitió a su hijo salvar la vida.
La deshumanización imperante de la cultura de la muerte lleva a llamar a quienes gracias a fallos diagnósticos se libran de ser ejecutados en el útero de sus madres “wrongful birth” (nacimiento equivocado).
La aberración de plantear demandas por nacimiento equivocado supone una absoluta falta de moral, al plantear la vida como un daño. Se inspiran en la jurisprudencia estadounidense, que se basa en que el aborto es un derecho, y solo tiene sentido en las sociedades que lo reconocen como tal.

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