La precocidad y promiscuidad sexual disparan los abortos.

Cotidianamente sufrimos el bombardeo de mensajes que incitan a los jóvenes a tener “sexo seguro”. Desde las administraciones de despilfarran millones en campañas de este tipo y en los últimos años desde organismos internacionales como la ONU o la CEE se pretende imponer a los escolares determinados modelos de conducta sexual desde la escuela. Lo que sucede en España en este sentido no es más que la adaptación local por parte de los gobiernos regionales a una imposición ideológica.
Tanto la epidemiología, como el sentido común, constatan que la supuesta finalidad de estas campañas (evitar embarazos y abortos en menores), es una completa patraña.
Recientemente en Méjico se ha publicado un nuevo estudio que desenmascara este dogma laico de fe impuesto a nuestra sociedad.
Allí, el dos por ciento de los adolescentes de entre 12 y 15 años admitieron haber iniciado su vida sexual en esa edad, mientras que del resto de los encuestados, el 29.6 por ciento, señalan que su primera relación sexual fue entre los 16 y 19 años.
Según especialistas del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), se tiene calculado que 21 por ciento de las primeras relaciones sexuales desembocan en embarazos no deseados, de los cuales entre 30 y el 60 por ciento terminan en abortos inducidos o provocados.
Lo anterior fue señalado por la responsable de Programas Prioritarios del ISSEMyM del Gobierno mexiquense, Laura Esquivel Vilchis, quien explicó que en las sociedades actuales, es característico que el inicio de las relaciones sexuales se desarrolle a temprana edad.
Agregó que la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, es un tema fundamental para crear mejores condiciones en el desarrollo de su vida, y al respecto afirmó que el despertar sexual en la adolescencia está estrechamente relacionado con embarazos no planeados.
Detalló que existen una serie de factores de riesgo que el adolescente deberá enfrentar durante esa etapa de exploración sexual, tales como relaciones abusivas o violentas, consumo de drogas, la práctica del sexo desprotegido, conductas sexuales de alto riesgo (múltiples parejas sexuales) que desencadenarían en infecciones de transmisión sexual (ITS), VIH SIDA o en embarazos no deseados.
Comentó que es fundamental y sustantivo, cómo pueden protegerse los adolescentes ante estas amenazas. En contra de la mentalidad imperante recomendó como primera medida “postergar el inicio de la vida sexual”. Algo de sentido común, pero que nunca oiremos decir en una clase de educación en España. Otras medidas evidentes para evitar la transmisión de enfermedades venéreas fue “tener una sola pareja sexual; evitar el consumo de sustancias enervantes como las drogas y el alcohol y evitar las relaciones violentas”.
Por último, justo al contrario de lo que se hace en cualquier charla sobre incitación al sexo para menores en España, puntualizó en que para lograr desarrollar lo anterior, la familia juega un papel muy importante, para fomentar y fortalecer su autoestima y por ello “es indispensable una mayor supervisión y apoyo por parte de la familia, trasmitir de forma efectiva valores a sus hijos, dándoles no sólo información, sino también, habilidades que ayudarán a los adolescentes a tomar decisiones sanas cuando exploren su sexualidad”.

Puntualizó en que para lograr desarrollar lo anterior, la familia juega un papel muy importante, para fomentar y fortalecer su autoestima y por ello “es indispensable una mayor supervisión y apoyo por parte de la familia, trasmitir de forma efectiva valores a sus hijos, dándoles no sólo información, sino también, habilidades que ayudarán a los adolescentes a tomar decisiones sanas cuando exploren su sexualidad”.

Exhortó a los derechohabientes de ese instituto a informarse en la clínica más cercana sobre planificación familiar, sexualidad, prevención de enfermedades de transmisión sexual y VIH, drogadicción y farmacodependencia.

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