Crónica del 25-V de ayer en la Región de Murcia

Como todos los meses, un nutrido número de activistas por la vida acudieron ante los abortorios de la región a rezar y mostrar su firme compromiso con la vida y con su defensa. Reproducimos el manifiesto, excelente manifiesto, que se leyó en las veladas de la Región y de toda España.

LA INCOHERENCIA MATA.
He aquí, si, un lema que nunca será impuesto a través de medio alguno por las autoridades sanitarias de la nación: LA INCOHERENCIA MATA.
Las autoridades nos recuerdan constantemente, y “para nuestro bien”, la cantidad ingente de elementos y actividades peligrosas a las que a lo largo del día nos enfrentamos con riesgo de la propia vida o incluso de la ajena. “Fumar mata”, “Cinturón de seguridad: abróchate a la vida”, “Evitar accidentes es un trabajo en equipo”, “Drogas: no derroches tu vida”, etc. A juzgar por el presupuesto que las autoridades dedican a cuidarnos, deberíamos colegir que su preocupación por nuestra vida es más que notable.
Sin embargo, a día de hoy la causa de mayor mortandad en nuestro país (y en todo el orbe “civilizado”) es la incoherencia.
Más allá de la suprema incoherencia que supone tomar la decisión de acabar con la vida de quien es carne de la propia carne …
Más allá de la incoherencia de utilizar el conocimiento y los medios técnicos concebidos para la sanación como instrumentos de muerte …
Más allá de la incoherencia de una legislación que pretende abrir las puertas del futuro a la humanidad … enfangando el pórtico de ese futuro con la sangre de los más inocentes seres humanos …
Más allá de la incoherencia de un mundo en el que matar bebés es tan fácil y adoptar un niño tan complicado, un mundo en el que la vida se devalúa al ritmo de la depreciación de la muerte como elemento de consumo, un mundo en el que el hombre se ha convertido en un intruso perseguible de oficio por los utopistas del momento …
Más allá de todo eso que se nos antoja tan ajeno, la incoherencia más peligrosa es aquella en la que incurrimos con demasiada frecuencia quienes nos reconocemos hijos de Dios y defensores del don sagrado de la vida. Porque:
– La falta de fe que supone no abordar el problema de la lucha por la vida SIEMPRE Y EN TODO LUGAR partiendo de una mirada sobrenatural que ilumine la situación con toda claridad
– La falta de esperanza que supone la resignación frente al sistema, al no apoyar opciones políticas extraparlamentarias, al no llevar el combate jurídico a la raíz misma del problema, que está en la Constitución, al limitarse a expresar de viva voz en la calle nuestro rechazo a este gran mal
– La falta de caridad que supone entregarse a un activismo febril tan pocas veces respaldado por la oración personal y comunitaria, tan olvidado del poder gigantesco de la intercesión de esa gran Comunión de los Santos que es nuestra Madre la Iglesia.

Todas esas incoherencias, de las que si somos directamente responsables, nos colocan en el incómodo banquillo de los acusados, no lo dude ninguno de ustedes. Y todas esas incoherencias son, potencial y actualmente, mucho más peligrosas que las más aparentes que se mencionaban antes. Porque, reconozcámoslo de una vez: estamos ante una batalla que se dirime en el terreno espiritual. Y para esa batalla necesitamos armas y defensas espirituales (¡que no espiritualistas, no nos pasemos de frenada!). Y en esa batalla, de parte de Dios, de parte de la Vida, de parte de la dignidad humana, sólo está la Iglesia. ¿De qué parte estamos nosotros?.
El cambio no puede esperar, y nosotros somos los únicos capaces de dar el paso, nunc et hodie. El momento es definitivo.
¿Seguiremos engañándonos con argumentos utilitaristas a la hora de decidir nuestro voto o colaborar con las instituciones?
¿Seguiremos engañándonos con el argumento solapado de que al mal se le convence, no se le vence?
¿Seguiremos engañándonos pensando que esta es una batalla que hemos de vencer con nuestras solas fuerzas, sin contar con la ayuda de Dios?
¿Seguiremos aceptando los sinsabores de la militancia provida solamente hasta el punto en que el martirio (sea martirio físico o sea el martirio de la coherencia diaria) se hace presente en nuestras vidas?
Los militantes por la vida no podemos limitarnos a representar una opción … hemos de demostrar al mundo que ésta es la única opción “sostenible”. Sólo convirtiéndonos en pequeñas antorchas de la luz de Cristo podremos ser luz verdadera para los demás y colaborar de forma realmente efectiva en la erradicación de la cultura de la muerte. Ánimo pues, y al tajo. Y recordemos, en cada paso que nuestra conciencia nos empuje a dar, que … LA INCOHERENCIA MATA.

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