Suiza frenará el suicidio asistido

Manifestantes contra el negocio de la muerte en Suiza muestran una factura por asesinar a una persona.

En relación con la entrada anterior sobre la deplorable intención de la cadena pública inglesa BBC de convertir en espectáculo y propaganda el suicidio de un hombre cobarde que no quería enfrentarse a su enfermedad, por lo que se desplazó a Suiza, el Gobierno suizo pretende evitar que su país sea “la meca de los suicidas”. Esa fama la han conseguido por los chiringuitos dedicados al asesinato de ancianos, facilitando inyecciones letales. El Código Penal suizo solo prohíbe la cooperación al suicidio si es en interés propio, lo que abre la puerta para practicarlo por otros móviles. La regulación solo permitirá la cooperación al suicidio de personas con alguna enfermedad física incurable y corta esperanza de vida. Las dos condiciones habrán de ser certificadas por sendos médicos, independientes del chamizo que vaya a facilitar el suicidio asistido. Además, se deberá informar al paciente de los cuidados paliativos.
El cumplimiento de todos esos requisitos se documentarán en un expediente que estará a disposición de las autoridades.“En el futuro no será posible que alguien cruce la frontera y se suicide unos días más tarde con ayuda de alguna institución privada”, ha dicho la ministra de Justicia. Las condiciones exigidas, sobre todo los dos dictámenes médicos, evitarán decisiones precipitadas y también, porque ante la enfermedad, el deseo de morir puede ser muy vivo pero transitorio. Estas cautelas son para evitar que los centros eutanásicos, que empezaron ofreciendo el suicidio asistido para casos desesperados, acogieron a personas que no estaban en fase terminal. Las respuestas de las asociaciones al anuncio de la regulación confirman su apertura, ya que critican el proyecto por “privar del suicidio asistido a personas con enfermedades crónicas”.
También han declarado que: “una persona que ha quedado paralítica por esclerosis múltiple o que tiene alzheimer debe poder obtener la ayuda [para suicidarse] si decide que no quiere afrontar lo que le espera”. Pero el gobierno exige más garantías para que el suicidio sea excepcional: “el Estado no debe favorecer la ayuda a morir, sino la ayuda a vivir”. Juan Pablo II declaró que “la tentación de la eutanasia, adueñarse de la muerte, de modo anticipado y poniendo así fin a la propia vida, se presenta absurda e inhumana. Nos encontramos ante la cultura de la muerte que avanza en las sociedades del bienestar”.

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