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Entrevista a Cristina Losada, autora de Morfina Roja.

octubre 15, 2008

 

Reproducimos por su interés la entrevista realizada por Juan E. Pflüger en la nación.es a Cristina Losada:

Cristina Losada, Periodista, escritora y colaboradora de diversos medios, aborda en su libro Morfina Roja el caso de sedaciones, eutanasia, llevada a cabo en la Unidad de Cuidados Paliativos por el doctor Montes.-¿Por qué la izquierda, que dice defender determinados valores sociales, no respeta la vida de los más indefensos y es una firme defensora del aborto y la eutanasia?

-La izquierda española ha puesto en primer plano cuestiones de orden moral, como el aborto o la eutanasia, en buena medida porque son temas que apelan a la ideología cuando ya no tiene el viejo discurso de la “lucha de clases”. También para atizar la confrontación con la Iglesia católica. Además, en la izquierda están arraigadas las nociones de que el hombre debe controlar la vida y la muerte y que el Estado debe intervenir en todos los asuntos que afectan a la existencia de los individuos.
-¿Por qué se consintió al doctor Montes la práctica de las sedaciones?

-Hay que aclarar que la sedación terminal es una buena práctica médica cuando está indicada. Se miró para otro lado ante las irregularidades, entre otros motivos, porque había allí un poderoso grupo muy ideologizado que respaldaba a Montes. Algunos médicos de urgencias se opusieron a aquellas prácticas, pero otros pensaron que desprestigiaba al centro que se investigaran. La Administración tampoco fue diligente. Fallaron los instrumentos de control.

-Parece que todo era obra de Montes, ¿quién más estaba detrás del plan de sedaciones?

-Pienso que, en efecto, fue una iniciativa de Montes. La primera irregularidad fue dedicar un espacio en urgencias a las sedaciones terminales. En los servicios de urgencias no se administran ese tipo de sedaciones de forma sistemática. A partir de 2003 había una unidad de cuidados paliativos en el hospital, pero se siguió sedando en urgencias. Hubo intentos de control por parte de la dirección del centro desde una inspección realizada aquel año, pero Montes y su grupo afín se resistieron.

-¿Son frecuentes las mismas prácticas en otros hospitales?

-No. En absoluto. Eso sí, la sedación terminal es una práctica habitual, que se administra cuando la condición terminal o agónica del paciente está clara y cuando existen síntomas refractarios, es decir, que no pueden tratarse, por lo que es preciso disminuir profundamente la conciencia del enfermo. Las dosis y combinaciones de fármacos han de ser adecuadas y, además, se pide la conformidad familiar, un requisito que en las urgencias que dirigía Montes se incumplía a menudo.

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